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Se generalizan los poblados forticados, de plantas, ya no circulares u ovales, sino con tendencia rectangular, se desarrollan las rutas comerciales, se abandonan los enterramientos colectivos en megalitos, y se implanta la inhumación individual en cistas, urnas (campos de urnas) o fosas, dentro de los muros del poblado, y se incrementa la jerarquización social. |
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En cuanto a su cultura material, el metal sustituye paulatinamente a la piedra, reduciendo su uso a pequeños dientes de hoz y laminillas, apareciendo un amplio abanico de armas y ornamentación de bronce. Aparece la cerámica bruñida, de formas carenadas y decoración geométrica, conocida como campaniforme, aunque también se decora con cordones digitados y bordes con digitaciones. Se continua con la fabricación de molinos y pesas de telar de arcilla. En este contexto se ha querido englobar los diferentes grabados esquemáticos o petroglifos y algunos conjuntos de cazoletas unidos o no por canales, de discutida interpretación. Durante el Bronce Final surgen las estelas funerarias, continuando con la tradición de las estatuas-menhir desarrolladas durante el Calcolítico y el Bronce Inicial, sobre las que se representan figuras esquemáticas de guerreros con sus armas, carros y otros elementos muy diversos. |
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Aunque los asentamientos típicos de La Mancha se agrupan en motillas, morras y castellones, dependiendo de su altitud, en la Comarca de los Montes predominan estos últimos, muchos de ellos heredados del Calcolítico. Estos castellones, castillejos o castellares salpican -como vemos en el mapa de localización- toda la Comarca, de los que destacaremos los situados en torno al valle del río Algodor, y el valle formado por los ríos S. Marcos y Valdehornos . Más interesantes son los grabados de La Quinquiruela (Navalpino) o la pintura de la Sª de Enmedio (Arroba de los Montes). De las cazoletas simples o unidas por canalillos, de Navahermosa y Pulgar, se desprende -según Jordan y Sánchez (1988)- un evidente significado mágico-religioso relacionado con el culto lunar y solar, con la fertilidad, o con el culto a las estrellas. Da Cunha Bermejo les otorga, también, cierta “litolatría -culto a las piedras- tan característico de pueblos como celtas (Galicia) y celtíberos (Toledo)”. Respecto de los grabados de Navalpino, realizados sobre una enrome plataforma de pizarra, que aflora de forma natural en el arranque del valle de la Quinquiruela, destacan diversos tipos de escaleriformes, carros?, retículas, asteriscos, cruces y calvarios -de época medieval- y algunos grafittis contemporáneos, pero también se han practicado múltiples cazoletas de pequeño tamaño y disposición en damero, que nos recuerdan a las existentes en el Canalizo de el Rayo, en Tolmo de Minateda (Albacete), y otros conjuntos de líneas que forman ángulos agudos y pequeñas cazoletas en los vértices, de difícil interpretación.
La pintura de Arroba, de tonos rojos, realizada con los dedos, se hallaba escondida bajo una pequeña covacha, y representa un ídolo o diosa madre. No menos importante es la estela de Navalpino, hallada en torno al Puente del río Valdehornos, que representa un guerrero con arco y hacha? de bronce, y, en segundo término, otra figura humana, más pequeña. Ha sido realizada sobre un gran monolito de cuarcita, cuya cara tallada ha sido preparada mediante semipulido, la realización del grabado se ha consiguido mediante picoteado y abrasión. Pero también nos hacemos eco de la posible existencia de grabados rupestres, picoteados sobre la pizarra, representando algún tipo de ancoriforme o figura antropomorfa en el sitio de Anchuras, junto al río Estenilla.
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