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La POBLACIÓN DE LA PENÍNSULA se inició hace más de 750.000 años y debió llevarse a cabo, primero por las alas costeras de la Península, dejándonos yacimientos como El Aculadero, en Puerto de Sta. María (Cádiz), excavado por Querol y Santoja durante los años 70, resultando un contexto preachelense, sin bifaces. Luego se subió aguas arriba por los tres grandes ríos de la vertiente atlántica: el Guadalquivir, el Guadiana y el Tajo, auténticas autopistas del Paleolítico. Esto significa que el poblamiento de Castilla-La Mancha y, por consiguiente, de la Mancomunidad, fue uno de los más antiguos, lo que explicaría que los principales yacimientos del Paleolítico Arcaico se sitúen en las terrazas medias y superiores del Guadiana, como El Carnerin, Sta María del Guadiana, Las Eras o Los Areneros, aunque posteriormente se dispersarán a través de sus grandes afluentes: Pusa, Cedena, Torcón y Guajaraz en el Tajo; Bullaque, Jabalón, Azuer y Tirteafuera en el Guadiana. Sobre las cuencas de estos afluentes y sus terrazas superiores se desarrollan las industrias Achelense y Musteriense. El inicio del período glaciar Würm repliega el poblamiento musteriense en altura, llegando al extremo de conocerse como Musteriense de las cuevas que tiene, en contados casos su continuidad en el Auriñaciense y Solustrense. Aunque la Mancomunidad de Cabañeros a penas ha sido estudiada en este período, la poca información bibliográfica que poseemos se la debemos, en gran medida, a los estudios realizados durante los años 80, verdadero Boom del estudio del Paleolítico en la Submeseta sur peninsular, por Ciudad Serrano, García Serrano, Caballero Klint, Vallespí, Querol y Santoja , quienes intentaron dibujar el mapa del Paleolítico en la provincia de Ciudad Real. Las SOCIEDADES PALEOLÍTICAS, económicamente hablando, eran sociedades no productoras, esto es, sus recursos de subsistencia se apoyan en la recolección de frutos, raíces y bayas, la caza, la pesca, el marisqueo y el carroñeo. Entre el Paleolítico Inferior y el Superior, existe una evolución en la técnica y estrategias de caza, pasando de la caza oportunista e indiscriminada a una caza organizada y selectiva. Desde el punto de vista social y metafísico, se cree que las primeras manifestaciones simbólicas o espirituales, como los enterramientos rituales y los artefactos no funcionales, aparecen en el Paleolítico Medio, aunque sobre este tema abriremos la discusión más adelante. Parece que su agrupación más usual durante el Paleolítico era, según Gamble (1998), de tipo tribal, organizándose en clanes o bandas de ocho a diez personas, con un fuerte sentido patrilineal, y cuyo reparto de labores dependía necesariamente del sexo -según demuestran los análisis paleontológicos-, ocupando a hombres en tareas de caza, pesca o fabricación de artefactos, y dejando a las mujeres la recogida de cosechas silvestres, el procesado de alimentos o el cuidado de las crías. Los LUGARES DE OCUPACIÓN, apunta Espadas Pavón (1988), pueden dividirse en tres: los de gran proximidad a las zonas fluviales, los promontorios estratégicos para observación visual y, un tercero que engloba los lugares de control de zonas de paso de animales o aves migratorias, comunicaciones de áreas de caza y otros. Los primeros se explican por la doble necesidad de agua del hombre, directamente para abastecer sus necesidades fisiológicas, indirectamente porque son las zonas donde se acercan los animales a beber y es más fácil cazarles: resultan yacimientos tipológicamente definidos como cazaderos. El buen control visual de ciertos lugares determina, como es el caso de Pizorros (Alto Valle del Jabalón) su asentamiento, que responden tipológicamente a yacimientos de lugares de habitación, cuya intención es la comunicación visual entre un hábitat y otro, entre el asentamiento y el cazadero o la observación de los animales. El tercer caso ofrece ambas tipologías de yacimiento, situándose en pasos naturales, zonas de pastos, abrevaderos o veredas (trochas) que utilizan los animales. A estos tres lugares de ocupación habría que añadir un cuarto, atendiendo en primer orden a refugios que protegen de las inclemencias ambientales, tales como abrigos, cuevas y covachas, que determinan los yacimientos tipológicamante como lugares de habitación y, a veces, como lugares de arte rupestre o, incluso, lugares de ritual. Por último, concluyendo con la tipo0logía de yacimientos, encontramos los lugares de producción, conocidos como talleres líticos, que se emplazan, principalmente, en canteras de sílex y depósitos aluviales de guijarros de cuarcita o graveras. Como indicamos al principio, el estudio de la Prehistoria se centra básicamente
en la cultura material de las diferentes sociedades que, en el caso del
Paleolítico, se reduce al estudio tipológico de sus duferentes INDUSTRIAS
LÍTICAS. Como podemos observar en el cuadro, la industria bifacial, que
ha sido la asociada al Paleolítico por antonomasia, no es la única ni
la primera en aparecer. El Homo Erectus, cuando penetra en la Península,
trae consigo el conocimiento heredado de la piedra cortante y empiezan
a surgir las primeras industrias líticas sin bifaces, conocidas como CANTOS
TRABAJADOS o Pebble Culture (denominación inglesa) que está representada
por cantos de talla unifacial (Chopper) y bifacial (Chopping-Tool) y de
diferentes lascas de
El Achelense en la Península y en especial en la meseta central, se caracteriza
por tres diferenciados útiles y sus derivados: el bifaz, trabajado por
sus dos caras; el triedro, de sección triangular y trabajo en una, dos
o tres caras; y el hendedor, caracterizado por presentar un filo recto
más o menos perpendicular a su eje longitudinal. El bifaz es una pieza
mediana envergadura, conocida como el multiusos del Achelense, cuya función,
mucha veces discutida, parece ser primordialmente para cortar y pinchar,
aunque existen intenciones de funcionalidad específica como la punta de
mano o las raederas bifaciales. Los bifaces se suelen clasificar en función
de la forma que desarrolla su perímetro. El triedro es una pieza originalmente
pesada, pues servía de estoque para dar muerte o rematar al animal, por
lo que se diseñaba con base o talón cortical, donde descasa la mano, y
punta aguzada en el otro extremo. Pero también son triedros, por su organización
de fabricación o su morfología, otras piezas de pequeño o mediado tamaño,
cuya talla en algunos caso se reduce a un par de extracciones, destinadas
a ser puntas de mano o picos de marisqueo, que servían, según el caso,
de estoque para pequeñas piezas o para abrir la concha de algunos mariscos,
como el mejillón. Su mejor clasificación es la diseñada por Leroy-Prost
y Dauvois en 1981. Los hendedores (o hendidores) utilizaban su tamaño
mediano, a veces pesado, y su amplio filo recto para cortar, tronchar
o trinchar huesos de mediano y gran tamaño. Su clasificación se la debemos
a Tixier (1956 y 1967). Asociados al Achelense hallamos otros piezas de
pequeño y mediano tamaño destinadas a rasurar el pelo de las pieles, denominadas
cepillos, que presentan generalmente base plana cortical circular o semicircular. En cuanto a las INDUSTRIAS DE LASCAS, se originan a la vez que la industria de cantos trabajados pues, lógicamente, resultan de las extracciones de éstos, pero progresivamente se van organizando los programas de fabricación, desde las primitivas o Clactonienses, que derivan en la industria Tayaciense, y ésta en el Musteriense, hasta la moderna y compleja técnica Levallois. Las primeras lascas se caracterizan por su gran tamaño, talón ancho y oblicuo y bulbo de percusión muy pronunciado, identificada por Breuil em 1932, en Clacton-on-Sea. Las lascas tayacienses, también descritas por Breuil y Peyrony, están a medio camino entre la tradición clactoniense y la levallois. La técnica Levallois aparece durante el Achelense Medio y consiste en la preparación previa del núcleo del que se extraerán lascas, láminas y puntas, dejando como resto de talla característico el núcleo de extracciones centrípetas. Tiene su pleno desarrollo durante el Paleolítico Medio, provocando lo que se ha venido denominando la revolución musteriense, consistente en la especialización funcional de útiles predeterminados (cortar madera, perforar, cepillar y cortar cuero, sacar punta a astiles de madera, etc) sobre pequeña y medianas lascas, dando como resultado piezas tipológicas como los raspadores, los perforadores, las raederas, los denticulados, los afiladores, cuchillos de dorso, etc. ..
.. El gran avance de la denominada revolución musteriense se basa en la concepción previa de la pieza, esto es, se pasa de la cadena operativa de façonnagem (”hechura”), típica del Achelense, a la cadena operativa de débitage (”corte en trozos”). La primera concibe la pieza -según Panera y Gallego (1997)-como el resultado de la “adecuación de un volumen de materia prima concreto a una forma predeterminada, mediante la aproximación a dicha forma”. La segunda, “se define como el fraccionamiento de un volumen de materia prima, a través de una panoplia de métodos específicos, en diferentes unidades de formas y volúmenes que son obtenidos en series diferenciadas o estandarizadas”.
Si durante el Paleolítico Inferior y Medio el material más utilizado es la cuarcita, aunque también se emplean otros como el sílex, el cuarzo o la caliza, en el PALEOLÍTICO SUPERIOR se generaliza el uso del sílex, consecuencia lógica de la progresiva disminución del tamaño de las piezas, que requieren un roca cristalina de grano más fino. Aunque existen algunas referencias escritas y orales sobre útiles de este período en la Comarca, en el río Milagro, Estena y hoces del Guiadiana, no se han podido constatar la existencia de yacimientos de este período, por lo que no entraremos en detallar su cultura material, sólo decir que la industria lítica se le viene denominando leptolitismo, por estar basadas en la fabricación de diferente útiles realizados sobre pequeñas láminas, talladas por presión, y que se desarrolla la industria ósea. |
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Sobre el plano del final del capítulo podemos apreciar los diferentes YACIMIENTOS que se reparten por la Mancomunidad de Cabañeros, en los que debemos destacar, en la provincia de Ciudad Real, las terrazas del río Guadiana y las de sus afluentes:
Debemos matizar que este plano ha sido confeccionado en base unas pocas referencias bibliográficas consultadas y a la memoria de prospección realizada por la Mancomunidad de Cabañeros (2002), sin que estas fuentes supongan un completo estudio del Paleolítico en la Comarca. Es pues, un mapa abierto que esperamos ir completando con el tiempo, porque estamos seguros que existen manifiestas lagunas en torno a las terrazas del río Guadiana, a su paso por Puebla de D. Rodrigo, del río Estena, y del río Bullaque, a su paso por Retuerta y Pueblonuevo del Bullaque y El Robledo.
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